Este 28 de febrero, Día de Andalucía, hablaremos y oiremos hablar de la lucha que llevó a nuestra tierra y a la ciudadanía andaluza a conseguir una autonomía que se nos negaba desde muchos sitios. Esta lucha ni era nueva ni impostada. Era, y es, real y sentida por el pueblo andaluz.
Ahora, años después, y mientras las banderas verde y blanca vuelven a ondear en nuestros balcones rememorando la lucha por la autonomía, Andalucía se enfrenta a un nuevo desafío que pone en jaque su nuestra identidad y nuestra tierra, extensión del que se vive a lo largo y ancho del planeta: el modelo energético extractivista se resiste a desaparecer aun cuando las consecuencias de su desarrollo y de sus emisiones se hacen cada vez más evidentes y suponen la mayor amenaza que la especie humana ha tenido que enfrentar nunca.
En Andalucía en concreto, bajo la falsa promesa de una "transición verde", estamos asistiendo a la proliferación de macroplantas fotovoltaicas que, lejos de beneficiar a la ciudadanía, responden a los intereses de fondos buitre que ven en nuestro sol y nuestros campos una nueva burbuja especulativa.
El territorio como moneda de cambio
El necesario e inaplazable despliegue de renovables está transformando paisajes agrícolas de alto valor productivo en "mares de cristal". En muchas comarcas de toda la comunidad autónoma se levantan plataformas en defensa de su territorio y de una forma de vida apegada a su riqueza natural y cultural. A la vez, esta lucha está provocando el advenimiento de opciones ideológicas que, basadas en un “patriotismo rural” están capitalizando el descontento de la población, no dudando en manipular el mensaje para convertirlo en un falso llamamiento a la movilización.
Por otro lado, este modelo de macroplantas no supone la creación de empleo de calidad ni de alternativas económicas para las zonas rurales, bastante castigadas por la despoblación y el abandono en servicios básicos.
Empoderamiento frente a especulación: Autoconsumo y Comunidades Energéticas
Por esto es importante recuperar un concepto que nos debe mover al siguiente nivel en el desarrollo de nuestra tierra: soberanía energética. Frente a las superficies infinitas de paneles en manos de capital foráneo, la verdadera soberanía energética radica en el derecho de los andaluces y andaluzas a decidir sobre su propia energía. No necesitamos sacrificar nuestros campos cuando podemos convertir nuestros tejados y espacios urbanos en fuentes de energía limpia, como reza el eslogan de alguna plataforma ciudadana: “Renovables sí, pero no así”
Pero el ímpetu andalucista no puede parar en conseguir cambiar un modo de producir energía por otro. Tenemos que conseguir que el cambio implique un modelo nuevo, más libre y democrático, que tenga en cuenta las necesidades y particularidades de la tierra y de la población, haciendo además que el beneficio que este cambio acarrea se quede y genere riqueza allí donde se produce.
Para ello es fundamental desarrollar planes que apuesten por el autoconsumo Individual y Colectivo: Andalucía ya cuenta con importantes ayudas que cubren entre el 25% y el 70% del coste para instalaciones residenciales y públicas. El autoconsumo compartido en comunidades de vecinos permite reducir facturas en más de 100 euros anuales, combatiendo directamente la pobreza energética.
La participación ciudadana en la toma de decisiones relacionadas con la energía que consume es fundamental en ese cambio de modelo que propugnamos. Y es ahí donde juegan un papel fundamental las Comunidades Energéticas Locales. Estas entidades permiten a la ciudadanía producir, consumir y gestionar su propia energía de forma democrática. Son la herramienta definitiva para que los beneficios económicos de la transición se queden en los municipios, fomentando la autosuficiencia frente a las grandes eléctricas. Tenemos ya muchos ejemplos en los que podemos tomar nota sobre cómo organizar una comunidad energética y el tema de la producción de energía, unido a la preocupación por el deterioro medioambiental y de la biodiversidad, se han demostrado capaces de movilizar a la ciudadanía.
Cooperativismo: El ejemplo de Candela Coop
En este camino hacia la libertad y la soberanía energética, surgen iniciativas como Candela Coop. Somos una cooperativa andaluza de consumidores de energía 100% renovable en camino para convertirnos en productores de esa misma energía. Proyectos como el nuestro, apegado al territorio y a sus necesidades, demuestran que es posible un modelo energético sin ánimo de lucro, no por ello menos ambicioso en sus objetivos, basado en la participación ciudadana y el impulso de un sistema justo que no destruya el territorio.
En este Día de Andalucía, reivindiquemos que “el sol de nuestra tierra”, que dice el himno de Blas Infante, ilumine nuestras casas y comunidades, y no sirva solo para alimentar las arcas de fondos especulativos. La soberanía no puede ser solo una bandera; es el poder de gestionar nuestros propios recursos para proteger nuestra tierra y asegurar el futuro de quienes la habitan.
Si te apetece saber más sobre este apasionante proceso en el que toda la ciudadanía andaluza tiene la posibilidad de participar, ponte en contacto con Candela Coop. Hay otra forma de hacer las cosas y así las estamos haciendo.
¡Viva Andalucía libre!