Desde el principio de los tiempos, la actividad humana se ha visto condicionada y mediatizada por el uso de la energía disponible y la capacidad para controlarla y usarla en beneficio propio.
Resulta muy instructivo leer el extraordinario trabajo “En la espiral de la energía”, de Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, sobre los cambios en la energía y, por consiguiente, en la civilización y la sociedad humana.
No cabe duda de que el uso de los combustibles fósiles, y especialmente los derivados del petróleo, supuso un antes y un después en el crecimiento económico y en los cambios sociales que éste conllevó. Un crecimiento, dicho sea de paso, que no siempre ha supuesto el desarrollo de las condiciones y la calidad de vida de la sociedad en su conjunto y, ni mucho menos, de una manera democrática y equitativa.

Lo que sí ha supuesto, sin ningún tipo de dudas, aunque haya quien se dedique aún a sembrarlas, es un fenómeno de cambio climático como nunca antes se había conocido. De una magnitud y una gravedad desconocida hasta ahora y que está provocada directamente por la acción humana, como la comunidad científica ha demostrado.
Por eso, haciendo lo que el ser humano siempre ha sabido hacer mejor, nos toca emprender un periodo de adaptación y cambio que nos haga llevar el modelo energético de uno basado en la explotación desaforada y sin límite, sin importar las consecuencias presentes y futuras, con consecuencias graves para todo el planeta, a otro más democrático y justo, que apueste por energías limpias gestionadas desde iniciativas ciudadanas.
Esto supone un paso enorme que debemos afrontar cuanto antes y que nos debe conducir a una transición energética que modificará los hábitos de producción y consumo de la sociedad de manera definitiva y cuya demora en su puesta en práctica no hará sino agravar más aún las consecuencias de esta ya declarada Emergencia Climática.
En ese contexto es donde iniciativas como las cooperativas energéticas y las comunidades energéticas juegan un papel fundamental y donde la participación de la ciudadanía pasa a ser fundamental como grupo de presión que haga que el marco legislativo y social se adapte a esta necesidad.
No solo debemos avanzar en la sustitución de las fuentes de energía sino que debemos hacerlo alejándonos del oligopolio que ha manejado estas fuentes desde el primer día y que juegan con la necesidad del acceso a la misma para hacer enormes beneficios. No basta con modificar el origen de la energía, sino que también hay que hacerlo con su gestión. Gestionar los recursos de forma eficiente y democrática es algo que no debemos cuestionarnos.

Hoy, 14 de febrero, además del mercantilizado Día de los enamorados, es el Día Mundial de la Energía y por ello te invitamos a mostrar tu amor por el planeta y por todas las especies que en él habitan y, si no lo has hecho ya, des un paso hacia un cambio de modelo energético necesario y urgente, en el que las personas como tú y como yo debemos ser quienes decidamos cómo queremos que sea nuestra sociedad.
Hazte cooperativista de Candela y, como dijo Gandhi, sé parte del cambio que quieres para el mundo. Tu salud, y la de todos, y tu bolsillo lo notarán.
David Palomino
Vocal del Consejo Rector de Cooperativa Candela